sábado, 6 de abril de 2013

San Petersburgo 2013

Fin de semana en San Petersburgo.

Empezamos con el mapa. San Petersburgo fue un capricho del zar Pedro el Grande, quien en 1703 tuvo la idea de convertir la bahía del río Nevá en la ciudad más lujosa del Imperio. Con muchas piedras (hubo hasta un impuesto en piedras, cualquiera que llegara a la ciudad tenía que llevar piedras o pagarlas) y mucho trabajo, así le quedó la cosa al hombre.


Así que, Ramón y yo, nos fuimos para allá a comprobar las bondades de tal lugar. No sin antes gozar de un café carísimo en el aeropuerto de Zurich, donde hicimos escala.


Y llegamos a SP. Por suerte las temperaturas mínimas pasaron en una semana de menos 17 a menos 2 y nos encontramos con una ciudad nevada y helada, pero el frío era bastante soportable. Tanto que me puse a celebrarlo haciendo el mongolo en la plaza del pueblo.

 Hecho esto sin romperme nada, seguimos nuestra primea andadura por SP. Nos habían hablado de unos bonitos paseos en barco por los canales, pero en seguida nos dimos cuenta de que no era el mejor momento. Al fondo la Iglesia de Nuestro Salvador de la Sangre Derramada, que imagino yo que con ese nombre es un centro vampírico donde los haya.

  
Como hacía tanto frío, a Ramón le entraron ganas de comprarse más ropa y nos fuimos a la mega tienda de Bosco, aquellos que hicieron los risibles uniformes de los JJOO para el equipo español. No supimos qué elegir. Resulta que Bosco es una marca carísima en Rusia. Ate tú, qué lástima.
  

Y a mi me dieron ganas de fumar un cigarro. En Rusia el tabaco está a la mitad de precio que en España y fuma hasta el apuntador, en todas partes, bares, restaurantes, cafeterías, donde sea. Parece ser que el tabaco y el alcohol es lo único barato ahí. Paka debe de ser algo malo. Obvio.

 
Y ya cumplidos con esto, pensamos en ir a ver algo de folkore local. Kevin Costner de Jesús, que en ruso se dice igual pero con cara de espía de la KGB.

  

 La mañana del primer día la gastamos en ver un pequeño museo que tienen en la ciudad. El Hermitage. (Una nota histórica, el Hermitage es el célebre Palacio de Invierno del Zar Nicolás II asaltado en la revolución bolchevique de 1917, dirigida por Lenin y que acabaría dando lugar a la Unión Soviética con el paso de los años. Ahí es nada.)

Habíamos comprado entradas para ir dos días consecutivos y dar buena cuenta del museo. Aquí nos podéis ver a mi dando el tostón con la guía como buen cebolleto y a Ramón poniendo cara de qué grande es todo esto y a ver si dejas ya la guía, qué pesado con tanto zar y tanta revolución.


Y con tanto cuadro nos dio la hora de comer. Podría haber sido aquí, pero se nos antojaba que fuera de unas tapa de ensaladilla rusa el lugar no debía de ser muy prometedor. Así que otra foto con estilo y a seguir caminando.



Lo de caminar no siempre era tan fácil. Las rusas demostraban tener maestría en eso de caminar con tacones por la nieve y el hielo, pero a nosotros hasta con zapatos planos nos parecía algo complicado. Aquí vemos a Ramón pensando en caerse.


 Y aquí a una familia rusa, con los avíos típicos de un día soleado de playa.


En esas estábamos cuando me pareció buena idea conseguir algunos rublos para el vodka, así que ni corto ni perezoso, me disfracé de mendigo a la puerta de una iglesia.


Con lo poco conseguido nos fuimos a ver la artesanía local, que ofrece una gran selección de temas y variaciones. Todos rusos como la estepa.


Y una vez saciado nuestro interés en la artesanía local, ahora sí, tocaba el vodka. Buena costumbre la de tomarse unos chupitos antes de cenar y dejar el frío en la puerta del restaurante.


Después del condumio, un paseo para bajarlo y un vistazo nocturno al teatro Mariinski, donde ensayamos dos o tres pas de deux y algunos pliés con escaso acierto.


Al segundo día la calle del hotel amaneció nevada, añadiendo emoción a los paseos por la calle.


Y de nuevo nos encaminamos hacia el pequeño museo del Hermitage. Donde yo tuve mi momento a la manera de Stendhal.


Y recuperados de tanto arrebato, nos fuimos a comer otra vez, no sin antes tener otro momento, en este caso japonés, frente a la placa de la que fuera casa de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, grande entre los grandes.


Salvados nuestro hambre por arte y comida, aprovechamos una estupenda tarde soleada para cruzar el río y conocer la parte más antigua de la ciudad, la isla Vasilevski.


 Y hacerme una nueva foto ante la Universidad de SP. Aquí, amigos científicos, es donde Mendeleyev estableció la tabla periódica de los elementos.Y también aquí se graduó en Derecho el señor Putin. Supongo que para saber cómo saltarse luego todas las leyes a gustito. (Como bien apuntó Ramón.)


En estas estábamos cuando se nos apareció Papá Pitufo, pidiéndonos que le hiciéramos una foto sobre el hielo del río Nevá, y con más miedo que otra cosa, obtuvimos este resultado.
(Nota geográfica: el Néva es el tercer río más caudaloso de Europa ( después del Volga y el Danubio) y aunque sólo mide 74km de largo, en algunos puntos llega al kilómetro de ancho. La media son 500m. Un arroyo.)


Cruzamos el río, por el puente, que con el hielo no se juega, y disfrutamos de una bonita imagen del Hermitage desde el otro lado.


Ante tanta majestad, quise imaginarme por un momento cómo sería eso de ser testa coronada y este fue el resultado.


No lo vi nada claro, así que decidí volver a mi condición de siervo y continuar con mis obligaciones de turista. Esta vez ante esta placa, que nos cuenta de la casa del editor Smirdin, en la que se reunían Pushkin, Krylov, Zhukovski y Gógol (1830). [El nombre del editor se lee en las líneas 6 y 7. Los nombres de los escritores se leen en las líneas 9 y 10.]


Habiendo ya pasado la siesta y marchado el sol, era momento de ir a cenar. Advertido de que el vodka sabe mejor cuanto más frío, opté por llevarme mi propio hielo al restaurante.


Y con el hielo ya aprovisionado, no nos quedaba más que tomarnos un buen vodka y brindar por San Petersburgo y lo bien que lo habíamos pasado.


A la salud de todos ustedes vosotros. Hasta la próxima.